No sé lo que pensarán ustedes, pero muchas veces suelo asociar el ciclismo a determinadas sensaciones estéticas (tomen este adjetivo como sinónimo de belleza y elegancia, tal y como acepta el Diccionario de la Real Academia).
David Suárez (Barcelona, 1974), periodista con una dilatada experiencia como director de prensa ciclista, es director y responsable de contenidos de Arueda.com.
Muchas de esas sensaciones se desprenden de ciclistas, en pleno esfuerzo, transitando por impresionantes paisajes de montaña, campiñas y valles, o incluso por determinados entornos urbanos (como suele ocurrir en la clásica etapa por los Campos Elíseos parisinos del final del Tour). Ese placer estético es otro de los grandes atractivos que en mi opinión tiene este deporte. De hecho, suelo calificar a algunas carreteras como “ciclistas”; se trata de un calificación subjetiva con la que sencillamente quiero expresar que esa ruta es especialmente apetecible para darle a los pedales.
Sería muy largo analizar aquí los motivos, pero si hay una carrera que me aleja de esa sensación de disfrute estético es La Vuelta a España. Sin duda, una de las razones es el paso de los corredores por autovías. Hace demasiados años que veo esa horrorosa imagen de un pelotón ciclista transitando anodinamente por alguna de las autovías españolas. Una prueba ciclista por una autovía es un fenómeno completamente desnaturalizado, los corredores producen casi tanta lástima como una orca en una piscina. En una ocasión tuve la oportunidad de preguntarle al director deportivo de Unipublic, Víctor Cordero, a qué se debían esos insoportables tránsitos por vías rápidas y me contestó que a pesar suyo, en muchas ocasiones, el recorrido no acepta alternativas.
Durante la pasada Vuelta, este adefesio ciclista se ha visto aumentado con la disputa de la contrarreloj entre Cariñena y Zaragoza. Más de 50 kilómetros en línea recta por una autovía que, a la postre, fueron definitivos para definir al vencedor de la misma. Sé que Víctor Cordero dirá que no había más remedio, pero yo le pediría que nunca repitan una etapa igual. Que sacrifiquen lo que quieran, pero que intenten conservar la estética del paso de los ciclistas por carreteras y paisajes adecuados. El ciclismo profesional ya sufre suficientes males como para que encima lo volvamos un deporte feo. Por favor, ¡no más autovías!
¡Feliz pedalada!
David Suárez
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