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Por Robero Heras
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jueves, 08 de mayo de 2008 |
Antes de empezar a redactar este texto me gustaría dejar claro que
simplemente voy a comparar un caso puntual que ha acontecido en el
mundo del fútbol con lo que viven los ciclistas a
diario en situaciones parecidas. En ningún momento mi intención es recriminar nada a nadie, en
absoluto.

Roberto Heras (Béjar, 1974), ex ciclista, triple vencedor de la Vuelta a España. Retirado desde finales de 2007, ha sido uno de los mejores escaladores del mundo en los últimos años.
Y es que el caso del futbolista Gurpegui realza una vez más que la unión hace la fuerza. Un jugador de la cantera del Athletic de Bilbao que a una pronta edad tiene un problema en un control antidopaje y su prometedora carrera de la noche a la mañana se ve truncada. Pues bien, lo mejor que le puede ocurrir a un deportista en estos casos es que sus compañeros, entidad al completo y afición estén a su lado en todo momento. Pero estar a su lado quiere decir apoyarle, acompañarles en las ruedas de prensa, que siga entrenando con sus compañeros, que le pongan todos los medios legales y jurídicos para su defensa sin que el jugador lo tenga que poner de su bolsillo.
Todo esto, obviamente, no ha impedido que Gurpegui haya cumplido su sanción, pero estoy seguro de que le ha servido para llevar una vida parecida a la de cualquiera de sus compañeros y le ha hecho mucho más llevadero el calvario que suponen dos años de sanción. Durante este periodo, el futbolista no ha sido apartado del equipo ni suspendido de empleo y sueldo, etcétera. Es decir, que cuando el jugador que pertenece a un club tiene un problema, éste pasa a ser un problema también para su club.
Lo que parece razonable aplicado al fútbol es una utopía en el caso del ciclismo. Para los ciclistas no ocurre nada de lo que le ha ocurrido a Gurpegui. Según las normas de la UCI, desde que a un corredor se le comunica un positivo en la muestra A, éste queda inmediatamente suspendido de empleo y sueldo. Pero es que esto no es lo más triste, lo peor es que este deportista pasa a ser una especie de personaje maldito y salir junto él en cualquier acto público pasa a estar mal visto.
Los jugadores de los equipos de fútbol, baloncesto y demás deportes colectivos conviven a diario. En cambio, la plantilla de un equipo ciclista sólo se reúne al completo una vez al año y eso se nota. Durante mi carrera he pasado algunas temporadas en las que he visto a algunos compañeros una o dos veces al año. Esa falta de convivencia diaria se nota a la hora de resolver problemas colectivos.
De todos modos, esto no justifica la desunión que reina en el ciclismo actual. En resumidas cuentas el ciclismo es un deporte de equipo pero en el que gran parte del año lo pasan solos entrenando individualmente, lo que impide que se fragüe una sana comunicación e implicación entre corredores y directivos. Lo que más me ha gustado del caso caso Gurpegui es que una vez cumplida su sanción, el futbolista ha vuelto a los terrenos de juego como un héroe con el reconocimiento de todos. Para los ciclistas, la sanción por dopaje parece más bien un castigo perpetuo, ya que en la mayoría de los casos se les impide volver a competir al máximo nivel.
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