Tan bonita paisajísticamente como decepcionante en lo deportivo ha sido la gran etapa que tenía preparada el Tour de Francia para esta jornada dominical por la hermosa región del Jura, ya cerca de la frontera con Suiza en unos montes prealpinos llenos de armonía natural e historia. Pero como esto trata de ciclismo de competición, lo cierto es que se esperaba algo más de un terreno propicio para la guerra de guerrillas, sin un metro llano y con numerosos puertos. Dos de ellos, por cierto, con entidad suficiente como para seleccionar la carrera.

Pero lo cierto es que realmente hubo dos luchas en esta etapa. Una para anotarse el triunfo parcial que estuvo bonita, emocionante y sobre todo mostró un altísimo nivel. Fuga tempranera de 26 corredores, algunos de ellos dentro del corte con un sentido táctico y esperando que detrás las cosas se pusieran serias. Gente de grandísimo nivel con diversos intereses, entre ellos tanto el triunfo de etapa como la general de la Montaña.

Y entre ellos, finalmente pescó Jarlinson Pantano. El colombiano logró la primera victoria para IAM en el Tour a lo largo de su vida… una vida que por cierto se acaba en octubre. El colombiano no va a tener problemas para obtener un buen contrato en 2017. No sólo por haber ganado en la mejor carrera del mundo, sino también y lo más importante por el rendimiento que ha desplegado a lo largo de estas dos semanas. Después de sufrir lo indecible ante Majka en la preciosa subida a Lacets de Gran Colombier, Pantano volvió a dar un tremendo show en el descenso para conectar con el polaco. Majka pareció, a ratos, que volvería a ser ese cazador infalible que ha ganado en los dos últimos Tours y se preparaba para ganar en el tercero consecutivo. Pero Pantano fue más rápido en el sprint a dos. Lo que sí se le pone franco es la general de la Montaña de nuevo. Sería la tercera seguida.

Froome, a placer

La otra carrera era por el maillot amarillo. La victoria en el Tour, que aunque nadie la discuta todavía está en juego. Y eso es lo más raro y triste: que nadie discute que Froome es el gran jefe. De hecho, Valverde ha sido bastante claro tras la etapa. “Él es el capo”, ha admitido. Nairo Quintana sigue sin moverse, a rueda del británico como si eso por sí solo le fuese a dar la victoria en el Tour. O como esperando a que caiga, cuando es capaz de tener dos gregarios en un grupo final de 10 corredores. Para destronar a Froome, y más cuando pierdes tres minutos, hay que moverse con todo. Luego puede salir o no, pero al menos no se queda uno pensando qué habría pasado.

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El caso es que Nairo no lo intentó. Porte tampoco. Movistar metió dos corredores en la fuga pensando, tal vez, en algún movimiento táctico. BMC renunció directamente. Astana, que había puesto a Nibali delante, endureció el ritmo en la Grand Colombier y dejó el grupo con los 15 hombres de siempre. Meintjes y Yates, uno junto al otro, cerrando en todo momento. Barguil cediendo terreno y quedando ya absolutamente descartado de la lucha por el maillot blanco. Y mientras, Froome incluso se permitió el lujo de hacer algún amago de ataque, sin llegar a salir.

Van Garderen cede

La apuesta de Astana era sincera. Más o menos acertada, mejor o peor ejecutada, eso es otro asunto. Pero al menos sincera. Sin ser el más fuerte entre los aspirantes, Aru sí fue el más valiente y salió del grupo. Valverde se le unió y estuvieron un par de minutos a la vista del pelotón comandado, otra vez, por Sky. Mientras, Van Garderen seguía demostrando que la tercera semana del Tour se le hace larga. Como siempre pasa en el Tour –incluso en uno tan parejo como este-, al que cede le cae el tiempo demasiado rápido. El saldo final fue de 1’28” en meta, y ahora Porte está por delante de él en la general.

El otro que lo intentó, con más insistencia, fue Romain Bardet. Pero tampoco logró desarbolar a un Poels que sigue demostrando ser uno de los mejores corredores del pelotón. Gregario de auténtico lujo para Froome en el Tour y capaz de aprovechar sus oportunidades cuando le toca liderar el equipo en carreras de una semana. De nuevo Valverde lo volvió a probar cuesta abajo, pero tampoco hubo éxito. Pasó otra oportunidad más sin que nadie lo intentase con verdadera fuerza. Ya sólo quedan los Alpes, con París asomando a la vuelta de la esquina.