Apenas una semana después del Tour, es la segunda ‘Grande’ del año en importancia y la primera cronológicamente hablando la que abre fuego para su edición 2017. El Giro de Italia se ha presentado hace un rato en el Palacio del Hielo de Milán, y no será una más, sino la que alcanza el simbólico número 100. Un hito en la historia de la Corsa Rosa que necesita ser honrado. A lo grande.

Y para ello, la organización de RCS ha dispuesto un escenario con un gran número de puertos míticos y una serie de elementos diferenciales con respecto al Tour, especialmente en lo que se refiere a la contrarreloj. Pero también hay algunas cosas comunes y que recuerdan, por otro lado, a la Vuelta a España. El trazado presentado hoy además parece desterrar definitivamente las primeras semanas llanas en las grandes vueltas. Y es que el cuarto día de carrera traerá el primer final en alto. Será en Sicilia tras haber pasado también por Cerdeña. El Etna es el coloso que espera a los corredores. Recuerden: etapa cuatro, y primer día relevante: “No es el mismo sitio donde ganó Contador. Pero la subida final se hará dura, porque es un lugar sin vegetación y el viento jugará un papel importante”, ha señalado Nibali.

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Etapa 4: Primer final en alto, el Etna. Se subirá hasta casi 1.900 metros

 

Contrarreloj y media montaña

Así como el Tour de 2017, y la Vuelta a España en los últimos años, han relegado a un segundo plano la disciplina contrarreloj, parece que el Giro la reivindica un poco presentando dos etapas de pelea individual, una de ellas precisamente en la última etapa y de la que saldrá el vencedor final de la carrera. Será por los alrededores de Milán y no tendrá una gran distancia: 28 kilómetros.

Más larga –y dura- será la primera, que llegará casi en el ecuador de la carrera y tras un día de descanso, entre Foligno y Montefalco y cercana a los 40 kilómetros. Un trazado rompepiernas donde quien tenga un mal día puede dejarse prácticamente la carrera y con un esfuerzo total que estará seguramente rondando la hora de duración. Sería una crono bastante propicia para alguien como Tom Dumoulin, por ejemplo, que aún no sabe a qué gran vuelta acudirá. También para un Chris Froome que ya ha reaccionado al recorrido del Giro con un curioso tuit.

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Etapa 10: La crono larga, y dura, del Giro

Otro de los principios de este Giro es la media montaña en la primera y, sobre todo, segunda semana. Ya la segunda etapa hacia Tortoli tiene una parte central complicada. También la undécima etapa -justo tras la primera crono- entre Florencia y Bagno di Romagna, con cuatro puertos y tramo final descendente. O la decimoquinta, justo antes del tercer descanso, con final en Bergamo. Ciudad famosa para el ciclismo por albergar la meta de Il Lombardia.

Puertos míticos y etapas unipuerto

Una seña de identidad –a unos gustará y a otros no, claro- de la Vuelta a España son las etapas que discurren por un trazado más o menos llano y terminan con un puerto final. Lo llevamos viendo en los últimos años desde la llegada de Guillén, pero este año también va a estar presente en el Tour –Planche de Belles Filles- y en el Giro. Así, la novena etapa tendrá una distancia de apenas 140 kilómetros y acabará en la cima del Blockhaus tras subir el Passo Lanciano. Está claro que no es un puerto corto y explosivo al estilo La Camperona o Peña Cabarga, pero el diseño de esas etapas sí guarda ciertas similitudes con ellos.

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Etapa 9: Primera con un sólo puerto, el Blockhaus

Por suerte, son sólo una excepción. Habrá otra en Oropa, también de 131 kilómetros en homenaje a Pantani, pero serán la única expresión de eso que se hace llamar ‘ciclismo moderno’ y que al menos en nuestro país ha encarnado Unipublic con este tipo de etapas. El resto de días decisivos sí serán mucho más del estilo de lo que viene haciendo el Giro en ediciones anteriores.

Entre ellas, el ‘Tappone’ que agrupará varios puertos míticos de la Corsa Rosa. Será en la decimosexta jornada y se subirán el Mortirolo, Stelvo y, tras bajarlo, se vuelve a hacer el altísimo puerto por la vertiente que comienza en territorio suizo y que supone una de las grandes novedades para el ciclismo competitivo. No acaba arriba, sino en descenso, tras el Umbrailpass que se corona a 2.500 metros. Etapa de grandes altitudes –veremos qué pasa con las nieves- con final en Bormio.

¿Menos dureza al final?

Desde hace años, el Giro ha tenido siempre muy marcada la elección de una última semana muy dura por los Dolomitas u otros sistemas alpinos que concentraba muchísima dureza. Este año esa norma seguirá presente, pero quizás un poco atenuada. O tal vez no. Lo cierto es que comparándolo con el del año pasado cuesta trabajo discernir cuál de las dos tracas finales es más seria. En cualquier caso, sí que cambia en algunas cosas con respecto a lo visto en la edición anterior.

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Etapa 18: Corta, pero con tres puertos por encima de 2000 metros.

Tras el etapón, una gran cabalgada en la 17ª etapa con el Aprica y Tonale casi encadenados de salida. Son 219 kilómetros, y los últimos 70 siempre van picando hacia arriba. Leve pero inexorablemente. Tal vez ese día no haya grandes diferencias –jornada muy buena para las fugas-, pero seguro que dejará las piernas muy cargadas para lo siguiente. Al día siguiente llega otra jornada corta -137 kilómetros- pero también con puertos míticos: Pordoi, Valparola y Gardena antes de subir a Ortisei donde acabará la etapa. Otro día con tres ascensiones superiores a los 2.000 metros de altitud.

Menos destructiva, aunque acabe en alto, será la decimonovena etapa con final en Piancavallo. La penúltima batalla del Giro tendrá 190 kilómetros y separa Pordenone de Asiago, pasando antes por el Monte Grappa y el Passo de Foza, que se corona a 15 de meta y después hay un terreno rompepiernas aunque ligeramente favorable. Si quedara todo por decidir, que lo haga la crono de Milán. Cipollini ha sido claro en la presentación, haciendo gala también de un patriotismo difícil de disimular: “Creo que el Giro no debe ser inferior al Tour. Parto de la ecuación de que Italia es el país más bello del mundo. Entonces, ¿por qué no va a ser el Giro la carrera más bella del mundo?”. El duelo entre Nibali y Aru asoma en el horizonte, y ambos han querido escurrirse de una respuesta sobre quién lo puede ganar: “No lo sabemos. Pero será duro e igualado hasta el final, y muy bonito para el público”. Veremos qué más invitados hay. Sin duda, y en vista de las reacciones, el Giro parece haberle ganado la partida al Tour en cuanto al recorrido.