Ayer acabó la edición número 98 del Giro d’Italia. Lo hizo con un circuito velocísimo por las calles de Milán en el cual dos especialistas en pista, Iljo Keisse (Etixx) y Luke Durbridge (Orica-GreenEdge), burlaron al pelotón con maestría, quedando la simbólica victoria para la cuenta del belga. Fue el colofón para tres semanas de competición fantástica, intensa y con las líneas argumentales bien tramadas en torno a un sublime hilo conductor: el experto campeón Alberto Contador contra los bisoños retadores de Astana. La victoria quedó para el pinteño, pero tanto Fabio Aru como Mikel Landa desempeñaron sendas actuaciones que citaremos constantemente durante la próxima década.

Alberto Contador, ganador del Giro d'Italia 2015

Alberto Contador, ganador del Giro d’Italia 2015

Contador de historias. El superclase pinteño fue al Giro d’Italia espoleado por su tremenda ambición deportiva, ésa que le llevó a afirmar en su rueda de prensa como ganador de la pasada Vuelta a España que esta temporada quería ganar las tres grandes vueltas. De momento ha rebajado las expectativas y sólo habla de doblete Giro-Tour. Resultó curioso, no obstante, verle articular un relato de amor por el país en forma de bota, clamando día a día que Italia le gustaba para entusiasmo de público y medios transalpinos. En los últimos días incluso colaba en sus intervenciones guiños como decir “ma” en lugar de “pero”, o “e” en lugar de “y”. Anunció que éste sería su último Giro, pero en los últimos días cambió el discurso por un “nunca se sabe”. Aparte, Contador desarrolló sus dramas particulares: la imagen con el brazo en cabestrillo tras su “hombro dislocado” o la preocupación por la rodilla tras la caída de Lido di Jesolo engrosan su lista de pejigueras médicas para acrecentar la gloria.

Oleg Tinkov celebra el triunfo de Contador en el Giro d'Italia 2015

Oleg Tinkov celebra el triunfo de Contador

El doblete es posible. “Es difícil frenar la sangre caliente”, dijo Alberto Contador en ABC el pasado mes de febrero. Se especulaba con que el pinteño correría con la calculadora en la mano pensando en julio. Ciertamente, en las dos primeras semanas no realizó ningún sobreesfuerzo y se limitó a aplacar las agresiones ajenas. Sin embargo, el pinchazo y la remontada del Mortirolo transformaron su estado de ánimo. Sangre caliente: Contador gastó de más tanto en Aprica como dos días después en el Monte Ologno. Lo pagó en Finestre. La cuestión es que, pese a Tinkov, alcanzó la victoria del Giro y eso le confirma automáticamente como contendiente para el Tour. Cara: ha mostrado al nivel necesario para medirse a Nibali, Froome o Quintana. Cruz: su equipo no ha hecho lo propio, con Kreuziger y Basso particularmente decepcionantes. Aunque un buen bloque de gregarios encabezado por Majka, Kiserlovski y Valgren espera su turno, la prestación de la escuadra en el Giro no ha sido tranquilizadora.

Alberto Contador remoja a Fabio Aru en el podio

Alberto Contador remoja a Fabio Aru en el podio

Las tácticas de Astana. “No he entendido el Giro”, comentó el ciclista Franco Pellizotti en la RAI. “Astana lo ha hecho duro, ha creado muchas situaciones y ha conseguido 5 etapas… Pero el Giro lo ha ganado Contador”. La dirección de Martinelli ha sido el gran objeto de debate durante estas tres semanas. De inmediato quedó claro que eran los más fuertes de la carrera; de hecho, se emplearon en fondo por arrebatar los galones y la consecuente responsabilidad a Tinkoff Saxo. Sin embargo, ni los planteamientos ni las resoluciones han sido particularmente brillantes: se echó en falta imaginación. Por fortuna, y dejando decisiones controvertidas aparte, sus líderes hicieron casi buena la táctica. Más allá de la exuberancia de Landa, la madurez exhibida por Fabio Aru, que solventó los momentos malos con tanta seriedad como afrontó los buenos, resulta interesantísima.

Fabio Aru (Astana) entre la locura del público

Fabio Aru (Astana) entre la locura del público

La emergencia de Landa. Es habitual que los observadores extranjeros pregunten a los entendidos españoles quién tomará el relevo de Contador, Valverde, Purito, Samuel, Sastre, Freire y compañía; también que se encojan de hombros ante cada nombre que se les dispara. Ahora ya no podrán reaccionar con extrañeza cuando se cite a Mikel Landa. El alavés ha dispuesto de unas piernas sublimes y las ha rentabilizado con dos etapas y un podio que le colocan en posición inmejorable de cara a encontrar para la próxima temporada un equipo en el cual partir como líder. Además del talento mostrado, su papel de subalterno leal de Aru estas tres semanas le honra y dignifica. El propio sardo se deshizo en elogios hacia él cada día. A veces es tan valioso saber disputar como saber ayudar.

Victoria de Mikel Landa (Astana) en Madonna di Campiglio

Victoria de Mikel Landa (Astana) en Madonna di Campiglio

A Porte le limitan los intangibles. Dos ciclista que conformaban junto a Contador y Aru la primera línea de favoritos a priori terminaron lejos del podio milanés. En el caso de Rigoberto Urán, una enfermedad marró su primera mitad de Giro y le permitió asomar la cabeza en la segunda, con un segundo puesto en Sestriere como momento estelar. Richie Porte, en cambio, desertó agotado, acuciado por el infortunio de la sanción, por las caídas y por el reventón moral en general. Cabe en este punto preguntarse si, pese a su comprobada capacidad para tiranizar rondas de una semana, el ciclista de Tasmania no está cortado para las de tres. De hecho, sólo ha terminado entre los diez primeros de una. A lo largo de una prueba de este género influye tanto la carretera como lo que sucede fuera de ella; hay que cuidar el pedaleo, el ‘motorhome’, los acelerones, las amistades, la colocación en el seno del grupo. Quizá los intangibles escapen al control de Porte.

Simon Clarke (Orica-GreenEdge) asiste a Richie Porte (Sky)

Richie Porte (Sky), en el momento que le costó la sanción

Un Giro para enmarcar. La sensación general que deja esta ‘corsa rosa’, tanto en el espectador como en los participantes, es maravillosa. Ha sido una competición intensa, divertida y libre de polémicas groseras o extradeportivas de gran calado. Al principio fue el empeño de Astana por mostrar que era más fuerte que Tinkoff; luego, los dislates del tren celeste; por último, la aparición de ciclistas como Ryder Hesjedal o Steven Kruiswijk con fuerza para disputar pero sin opciones de cara a los puestos altos de la general, con la actitud y las piernas necesarias para poner en jaque la carrera cada dos por tres y generar una entropía muy beneficiosa para el espectáculo. También representaron su papel el azar, las condiciones meteorológicas… Y el recorrido, diseñado con mimo e insidia a partes iguales. Algunos hablan del mejor Giro del siglo. Hay pocos argumentos para contradecirles.

Brindis de Contador con Mauro Vegni, director del Giro

Brindis de Contador con Mauro Vegni, director del Giro

Toda la información, análisis y anécdotas ofrecidas por Arueda.com en estas tres semanas está en la sección Rock n’Giro. Pincha aquí para consultar la primera versión de ‘Seis lecturas del Giro’, correspondiente a la edición del año pasado.