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La MGM y el espíritu competitivo (1/2) Imprimir E-Mail Compartir
Por Eva Montero (Psicóloga del Deporte)   
domingo, 13 de septiembre de 2009
La Madrid-Gijón-Madrid, como sabe mucha gente, no es una prueba competitiva. También lo tenía claro Fran Vacas cuando decidió participar.


Pero también conocía sus capacidades, contrastadas a lo largo de varios años compitiendo en la prueba más dura del triatlón, el Ironman. Para quien no lo conozca, diré que se trata de una competición donde los participantes tienen que nadar 3,8 km, a continuación subirse a una bicicleta y rodar otros 180, y por último dejar tirado el velocípedo y salir corriendo a hacerse una maratón completa (42km). Sin parar.

La MGM es otra filosofía totalmente diferente. Son 1.200km y tienes de tope 90 horas. No hay chips ni se publican clasificaciones, pero sí sabes la hora a la que sales y la hora a la que llegas, que para eso están los relojes. Cada ciertos km. (80 de media aproximadamente) tienes que pasar por un lugar concreto (situado en una localidad) donde te ponen un sello en un carné que llevas a tal efecto, a fin de comprobar que estás haciendo el recorrido estipulado. Ése es todo el control que hay. Lo demás, que cada cual haga lo que quiera: correr más, correr menos, comer en un bar o tragarse la comida sobre la bici, parar a dormir o no parar, ir solo o acompañado, detenerse a contemplar el paisaje y hacer fotos o seguir para adelante.

Por ello en este ciclomaratón de 1.200, en su segunda edición, me encontré de todo. Y todo interesante, ya que te lo tomes como te lo tomes son muchos kilómetros y es una verdadera prueba de supervivencia. Hay que prepararla no sólo física sino también psicológicamente, porque aunque pares a dormir no duermes tanto como en casa y porque son muchas horas en la bici, y por mucho que te guste y muy acostumbrado que estés a ella tu cuerpo se resiente, y cuando las piernas y el trasero gritan el cerebro se las tiene que ingeniar para ignorarlos y seguir dando pedales.

Volvamos con Fran
En base a su conocimiento sobre sí mismo y su preparación, calculó que podría hacer la MGM en menos de 60 horas. Por si acaso se le iba alguna, su planificación reflejaba 58. Cuando contactó conmigo a través de un foro, le dije que 60 horas (en concreto 60h55') era el menor tiempo realizado en la anterior edición por Luis García Landa. Pero bueno, este año había más participantes y no sabíamos como iban a rendir. Fran me comentó, antes de partir, que su intención no era ganar, puesto que no hay ganadores en la MGM, sino hacerlo en el tiempo que se había propuesto.

Ya en el primer control (Atienza) recuperó los 20 minutos que le llevaban los que habían salido en el primer grupo de Algete (se distribuyó a los participantes en tres grupos para evitar aglomeraciones) apareciendo el primero. Lo mismo en Ayllón, segundo control. En este control se produjo un primer cambio de mentalidad. Se dijo que, aunque no sea competición, a quién no le gustaba ganar, o sea que "voy a hacer el mejor tiempo". Camino del siguiente control, Tórtoles de Esgueva, Fran no encontraba el camino a seguir en Aranda de Duero y perdió 50 minutos intentando encontrarlo. A pesar de ello siguió llegando el primero pero su objetivo volvió a cambiar: "Nada, que yo voy a hacer mis horas y los demás que hagan lo que quieran".

Dos controles después, en Cistierna, llegó con un problema mecánico: la llanta de la rueda trasera estaba abollada. Desde ese control llamaron al de Gijón para que le consiguieran una rueda nueva y allí poder cambiarla. Pero antes estaba el descenso del Puerto del Pontón y el freno trasero tenía que ir abierto porque si no la rueda rozaba. Esta circunstancia permitió que un francés que seguía a Fran le redujera tiempo, y cuando llegó a Cangas de Onís le hizo el gesto de Contador simulando una pistola con el dedo: pam, te cacé. Aquí cambió el cariz de la prueba. Por mucho que no fuera competitiva, había quien sí se la tomaba de esa forma. El francés quería hacer mejor tiempo que Fran. "Así que quieres ganarme. Bien. Pues ahora te vas a enterar".

Los participantes de la MGM pasan la primera noche sin dormir y la siguiente es cuando suelen echar una cabezada. En los controles hay colchonetas y duchas para que puedan asearse y dormir. Fran lo intentó en Gijón pero los ronquidos de su adversario francés y dos ingleses que le acompañaban no le dejaron. Decidió continuar su batalla en solitario, ya con la rueda en condiciones. Por los llanos palentinos, camino de Frómista, paró a tomar una cerveza sin alcohol porque el sol derretía hasta las ideas. Por teléfono me dijo: "Estoy esperando a que me cacen".

Alucinaciones sobre la bici
Tus metas pueden estar muy claras, pero cuando estás rozando tus límites la cabeza también flaquea. No obstante, continuó empeñado en que no le alcanzaran. Siguió y siguió y a las 3h de la madrugada, tras muchas horas sin dormir, los sueños se confundieron con la realidad y tuvo alucinaciones. No es el primero al que le ocurre, en la PBP de 2007 hubo otras personas que también me refirieron situaciones muy extrañas.

Hasta la última cuesta, me confesó Fran, estuvo mirando hacia detrás por si venían sus perseguidores. Pero éstos habían decidido parar a dormir un rato en Ayllón viendo que no eran capaces de alcanzarle. Fran llegó pensando que había superado las 58 horas, pero en realidad no fue así: no contó con los 20 minutos que había salido al elegir el último grupo en la salida de la prueba. Hizo aproximadamente 57h53'. Al final ganó pero no había ningún premio esperándole. Porque no estaba en una carrera.

Esto ha sido como una pequeña crónica de lo ocurrido con el que mejor tiempo hizo en la MGM. He querido reflejar las circunstancias para luego explicar el tema psicológico. En el siguiente artículo lo veréis.

Eva Montero es psicóloga del Deporte
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