Hace unos días cayó en mis manos un artículo de "periodismo de investigación" (lo pongo entre comillas porque la publicación es un tanto amarillista) acerca del dopaje en España.
No es un tema del que me guste hablar pero hay algo que me ha llamado mucho la atención y no me resisto a hablar de ello. Se trata de un SMS del padre de un ciclista al último médico que ha saltado a los medios por estar relacionado con asuntos de dopaje, Jesús Losa. El texto dice lo siguiente "mi hijo lleva cuatro años andando con macarrones... Yo quiero andar como los demás".
En mi temporada de psicóloga de un equipo ciclista junior, unos padres me comentaron que se rumoreaba dentro del ambiente que alguno que otro iba con vitaminas "extra". Eso ya en juveniles. Por ello no me sorprende este mensaje, aunque sí me preocupa. Porque en esa frase hay mucho. Hay un padre que ha proyectado en su hijo sus frustraciones y quiere que sea una figura sea como sea. Un adulto que considera que si no brillas no eres nada en la vida. Que le importa más que su hijo no esté atrás a que peligre su salud. Pero ¿qué tipo de persona está fraguando con esos principios?
Vandenbroucke
Antes de leer ese artículo, estaba pensando en escribir este mío acerca de la muerte de Frank Vandenbroucke, y de cómo pudo caer en la espiral de drogas y depresión que quizás le llevara a la muerte. Y lo cierto es que si tuvo un padre como el del presunto SMS a Losa no me sorprende nada.
Al parecer su padre fue corredor, su tío también y su primo. Pero no hubiera sido sólo ése el factor. Se han investigado las posibles causas genéticas de las adicciones y ha habido algunos resultados positivos, no determinantes pero que están ahí. Lo cierto es que hay personas que se crecen ante las adversidades mientras que otras se hunden cuando aparentemente tienen una vida sin problemas. Son muchos los condicionantes, lo que te va ocurriendo durante la vida, para que ésta vaya por un camino u otro.
En el caso de Vandenbroucke, ser un portento físico le pudo llevar a la fama demasiado pronto y crearle la necesidad de vencer cada vez en más carreras. El sabor de la victoria engancha tanto como una droga, con lo cual su adicción era ganar y ganar. Luego recurriría al dopaje para tener más, y le descubrieron, momento en el que se derrumbó todo su castillo de naipes. Es el "mono" de la dependencia de la fama: lo echas de menos, no lo tienes, lo quieres, lo persigues, pero ya no puedes, no te dejan, te han vetado, el mundo es injusto, la vida no merece la pena, tan pronto estás arriba como estás abajo... muy desesperado tenía que estar cuando soltó que la EPO era para su perro. Estaba tan ciego que no se daba cuenta de que los inspectores no eran precisamente cortos de vista.
Cómo se fragua una desgracia
Imaginemos un niño que nace con buenas cualidades físicas y tiene un padre ciclista, que fue amateur pero no llegó a profesional. El chaval coge el gusto a la bicicleta rápido, como casi todos los niños, y le resulta fácil ganar a sus amiguetes. Sus padres están orgullosos porque sus vecinos le admiran. Además, el papá está viendo que su hijito puede cumplir el sueño que él no consiguió: ganarse la vida dando pedales. Para que pueda conseguirlo, lo educa dándole recompensa cuando rinde bien sobre la bici y castigo cuando "se hace el vago".
El muchacho entonces aprende una cosa: cuanto más ande en bici mayor reconocimiento paterno. El chaval está asociando en su mente su valor como persona a su valor como ciclista. Si soy bueno, me quieren, si no, se enfadan conmigo. Y así se esfuerza día tras día entrenando fuerte, y dejando de lado desarrollar su propia autoestima, quererse a sí mismo, independientemente de sus resultados sobre la bicicleta.
Cuánto más jóvenes somos, más impacto tiene lo que aprendemos, puesto que nuestra "libreta" mental está más vacía que cuando vamos acumulando experiencia y vivencias, y lo que se escribe en ella se ve mejor, no hay tachones ni borrones, ni se necesita buscar huecos entre líneas para apuntar una nueva aventura, reflexión, etcétera. Ese niño que ha aprendido que la forma de sentirse bien es ganando siempre, buscará el triunfo.
Si al llegar a profesional, como Vandenbroucke, acumula victorias, se sentirá el rey del universo. Pero la ambición humana siempre busca más, y los trofeos de siempre le sabrán a poco. En ese intento de buscar más comete un error y le pillan "con el carrito de los helados". El shock es tal que no sabe como reaccionar, es como caerse de lo más alto de una escalera de la que no ves el fin, pero chocar contra el suelo es muy duro y después del aturdimiento vendrá el dolor los huesos rotos.
Del cielo al infierno en un sólo paso. Me quemo. No saben que hacer y... recurren a lo primero que pillan. Broncas con amigos, familia, pareja, búsqueda de la felicidad en el fondo de una botella, o en el "polvo mágico" que taladra el cerebro entrando por las fosas nasales. Y todo ¿para qué? ¿Para tener una copa más en la estantería? ¿Para guardar en un cajón otra revista más con tu imagen venciendo en alguna carrera?
El culto a la imagen
Es curioso como en esta sociedad a veces la gente habla de valores mientras piensa que un deportista debe hacerse publicidad más que dedicarse a lo suyo, que es entrenar y pelear por ser mejor en su deporte. La imagen es el camino más fácil, lo difícil es luchar por conseguir tu meta. Cuando ésta se consigue, merced a otros caminos, sin desarrollar la capacidad de sacrificio, y, sobre todo, la tolerancia a la frustración (aprender a perder), es cuando más peligro hay de caer en una adicción o en una depresión.
Los que comprenden que lo más importante no es ser mejor que los demás, ni conseguir tus objetivos a cualquier precio, son los que se quieren a sí mismos por encima de todo, y no caerán en picado. Cuidado con quien trae "de serie" un carácter débil y con los que son más frágiles y más influenciables: los niños. Su futuro dependerá en gran medida de cómo se vean en relación con los demás. Que no aprendan que para ser queridos necesitan tener una bici entre las piernas.
Eva Montero es psicóloga del Deporte
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Comentarios
2009-11-0709:03:26 Fco Javier, tu mensaje ha sido editador porque no es necesario insultar para dar tu opinión, gracias.
2009-11-0709:31:31 yo diría que lo dijiste en esta frase que he cortado de tu comentario: "en mi opinión el antídoto para desterrar el mito del dopaje es introducir mayor formación ".
2009-11-0913:09:39 El comentario de Laglisse es para reflexionar. Por supuesto que quien se dopa también desarrolla su capacidad de sacrificio, aunque no su tolerancia a la frustración, porque no asimila que cuando no se puede, no se puede y antes que perder la salud es preferible dedicarse a otra cosa. Por otro lado, no tiene en cuenta a los demás, puesto que está superando a otras personas que, o bien son capaces de sufrir más aún, o bien tienen más condiciones. ¿Es justo que alguien que está muy bien dotado para el ciclismo no gane carreras porque haya otro que hace trampas y pase por delante, aún a costa de su salud?
Por otro lado, hablando de cumplir las reglas, en otros aspectos de la vida, probablemente muchos seríamos más felices si los que tienen por costumbre saltárselas las cumplieran. Por ejemplo, los políticos corruptos, el que llega a jefe por hacer la pelota, el que accede a cierto cargo por ser hijo de o amigo de, el que asciende a base de pisar a los demás etc. etc.
2009-11-1013:45:11 Gracias Eva por tu contestación.
Evidentemente lo suyo es que todos cumplieran las reglas, pero habiendo intereses y dinero de por medio
Saludos.