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Motivación y sufrimiento (1/2) Imprimir E-Mail
Por Eva Montero, psicóloga del Deporte   
jueves, 06 de diciembre de 2007
Si le preguntas a un profesional por qué sufre tanto sobre la bici te dirá que es su trabajo y le pagan por ello. Pero qué pasa con los aficionados que pedalean por amor al arte y, muchas veces, se entrenan con más ahínco que los propios profesionales. ¿De dónde vienen tantas ganas por pedalear? ¿Con qué mecanismos psicológicos nos armamos para justificar nuestros sacrificios y penalidades?

¿De dónde vienen tantas ganas por pedalear?

Hace unas semanas, me encontraba subiendo un puerto a primera hora de la mañana, sin apenas coches, escuchando a los pajaritos y el roce de la rueda con el asfalto cuando a lo lejos distingo otro sonido: voces de más ciclistas. Mientras esperaba a que me sobrepasaran y contestar con un “hasta luego” al supuesto “hola”, o un “gracias” al “ánimo, muchacha, que ya queda poco”, podía entender perfectamente lo que decían, puesto que el tono era alto. Se trataba de una recta larga y con cierto desnivel, así que hasta que me alcanzaron me enteré de buena parte de la conversación. Eran dos pero sólo hablaba uno. “Pues no sé que me pasa, pero cuanto más entreno peor me siento”. “Y además me quedo hecho un asco, el lunes llego fatal a trabajar, y me dura hasta el martes, el miércoles es cuando ya me empiezo a encontrar mejor, pero luego llega el fin de semana, vuelvo a montar en bici y me vuelvo a encontrar mal…”.

Muchos cicloturistas hacen, al cabo del año, más kilómetros que los propios profesionales

El resto de la ascensión lo pasé reflexionando sobre esta curiosa revelación. Hasta entonces concebía el deporte aficionado como una excelente forma de desconectar del trabajo, como si te pasaran un borrador por la cabeza, dejándola despejada y limpia para la siguiente jornada laboral. La opinión generalizada entre mis compañeros y amigos era la misma: ya sea en un gimnasio o al aire libre, el deporte se convertía en su “medicina” anti-estrés, el momento lúdico, la sensación de libertad, la válvula de escape a los problemas cotidianos.

La bici como afición
Evidentemente, para quien se gana la vida dando pedales, trabajo y deporte es lo mismo. En cambio, para los que montamos por afición, la hipótesis de utilizar el deporte para “desconectar” de la vida laboral no está nada clara. Un cicloturista me comentó que una de las estrategias que utiliza para conseguir distraer la mente del esfuerzo cuando está subiendo un puerto difícil, es repasar su plan de trabajo de la semana siguiente. De nuevo me encuentro un caso de alguien que no sólo no deja de pensar en sus ocupaciones laborales mientras le da a la biela, sino que, al contrario, lo utiliza para andar mejor.

Es probable que muchos ciclodeportistas acepten el sufrimiento como un aliciente para su afición

Está claro que si hemos elegido este deporte es porque disfrutamos montando en bici. Pero hay muchos cicloturistas que parece que sufren más de lo que disfrutan. Algún que otro compañero del club me ha confesado que hay muchas salidas, sobre todo en invierno, que en lugar de dar pedales lo que le apetece es quedarse en la cama. En cambio, abandona el cálido abrazo de las sábanas mientras su cónyuge duerme plácidamente, se blinda con varias camisetas, gruesos maillots, guantes de esquiador, pantalón largo y botines con tres pares de calcetines, sale a la calle y a dar pedales con la “fresca”. ¿Por qué? El motivo suele ser no perder la forma y aguantar el ritmo de la grupeta del club. ¿Y por qué tanto empeño en no perder comba?
El año pasado llevé el coche de apoyo en un ciclomaratón de mi club. Paré a echar gasolina en un pueblo pequeño y el encargado me dijo que habían pasado ya por allí algunos ciclistas que le habían pedido un sello para plasmarlo en un carné. El hombre, observando nuestro pintoresco coche y deduciendo que los acompañaba (más que nada porque lleva los mismos colores que los maillots), me preguntó qué hacían, si una carrera o qué. Le dije que no era una carrera, sino un “paseo” de 200 kilómetros. Sorprendido, dice: “¿Doscientos? ¿Pero qué son, profesionales?”. “Que vá –contesté– son aficionados, y esto es sólo el principio, más adelante harán 300, 400, 600 y hasta 1200”. Totalmente escéptico, el buen señor me miró pensando que le tomaba el pelo…

Es probable encontrar cicloturistas que realizan recorridos que están por encima de lo que les permite su estado de forma

He hablado con varios ciclistas profesionales que se sorprenden al saber que hay cicloturistas que cubren tan largas distancias en bici, más aún cuando se enteran de que buena parte de ese kilometraje se hacen de noche. Profesionales retirados que siguen montando en bici y se encuentran en las marchas a cicloturistas que andan más que ellos. Hay aficionados, incluso de cierta edad, que pueden llegar a hacer más kilómetros al año que un profesional. ¿De dónde salen tantas ganas de dar pedales?

(en la segunda parte de este artículo, nuestra experta en psicología, Eva Montero, desvelará algunas teorías para explicar ese énfasis de los aficionados por superar adversidades y malos momentos sobre su bicicleta).



 

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