El ciclista sale un domingo por la mañana a pesar de un tiempo horrible: lluvia, frío, viento… al poco decide darse la vuelta. Se quita la ropa y vuelve a la cama con su esposa. “Hace un día de perros” le susurra al oído. Ella contesta: “ya ves, y el idiota de mi marido con la bici”.

A algunos seguro que os suena el chiste… y a otros muchos la cantinela de “qué ganas tienes de sufrir sobre la bici, con lo bien que se está en la cama por la mañana. ¿No estás cansado de madrugar todos los días para ir a trabajar?”. O también cuando vuelves de vacaciones y mientras todos hablan de los países que han visitado o de chiringuitos playeros tú prefieres no contar que te has subido 17 puertos en los Alpes so pena de que te miren como si fueras un extraterrestre. Por no hablar de los que te tildan de loco por salir a la carretera con el peligro que supone meterte entre la jauría de coches, autobuses, camiones y motos haciendo curvas por esos puertos que tanto nos gustan.

bicho raro 02

“qué ganas tienes de sufrir sobre la bici, con lo bien que se está en la cama por la mañana”

En una ocasión que fui de apoyo con el coche en un ciclomaratón, al parar en la gasolinera, el encargado me preguntó dónde iban tantos ciclistas. Le contesté que estaban haciendo 200 km y, sorprendido, me preguntó “¿qué son, profesionales?”. Sí, claro, con 50 años muchos de ellos… Esa es la otra extrañeza, muy común en quien sólo hace dos “deportes”: levantamiento de cubata y zapping ¿para qué pegarte esas palizas si no te pagan por ello?  Para la gente sedentaria, los deportistas, sea el deporte que sea, somos incomprensibles, pero aún más si es un deporte que exige mucho esfuerzo y sacrificio y encima conlleva riesgos como es la bici. Es muy difícil hacer entender a estas personas lo que significa para nosotros sentir que nuestro cuerpo sigue respondiendo aunque pasen los años, que nos sentimos vivos, activos y dispuestos a acometer cualquier empresa, que la pereza nos es ajena, que compartimos unas risas con los compañeros, y que esas cervecitas, cafés o refrescos al acabar o a mitad de camino saben mucho más ricos cuando las endorfinas están actuando y sientes la satisfacción por los kilómetros y el esfuerzo realizado.

Hace unos meses asistí a una mesa redonda en un evento cicloturista donde participaba la alpinista Edurne Pasabán, junto con el cantante Serafín Zubiri y dos periodistas. Uno de ellos comentó que para él las personas que triunfan en el deporte son aquellas que tienen una gran fortaleza psicológica, porque sólo con la física no es suficiente. Yo me había llevado el libro autobiográfico de Edurne, “Catorce veces ocho mil” en el que tenía marcados algunos puntos muy interesantes. En uno concreto, ella comentaba que, tras pasar por una depresión y volver a la montaña, aún no sabía qué hacer con su vida. Entonces se encontró con un veterano y admirado montañero, y al comentarle sus dudas éste le dijo que se le notaba en la cara que su pasión era la montaña, y que siempre sería una alpinista.

bicho rato 03

“son muchas las veces que te preguntas si has elegido bien, si merece la pena”

Una elección difícil
Siguiendo el hilo del periodista y enlazando con mi nota sobre su libro, le pregunté a Edurne cómo llegas a la conclusión de que aquello era lo tuyo y por tanto tu vida había que encaminarla en esa dirección, aún a costa de renunciar a muchas otras cosas. Es decir, cuál era el germen de esa fuerza mental. Ella contestó que no es algo que “sepas” como si estuviera dentro de ti, sino que lo vas descubriendo, y que son muchas las veces que te preguntas si has elegido bien, si merece la pena. Especialmente en su deporte no es nada fácil ganarse la vida, por lo que tu entorno más o menos te viene a decir que te dejes de “tonterías”, “madures” y te pongas a trabajar para poder tener tu familia propia como todo hijo de vecino. Edurne tenía más de treinta años cuando consiguió tener unos ingresos gracias al alpinismo que le permitieran tener esa independencia, mientras que sus amigos y familiares a su edad ya se habían comprado una casa y tenían su futuro “encauzado”. Además, aún teniendo ingresos siendo deportista profesional, estos no son estables, porque dependes de los patrocinios y de los medios de comunicación. Edurne comentaba que con sus padres tuvo suerte, porque aparte de poder mantenerla, eran tan comprensivos como para dejarle viajar a los Alpes siendo menor de edad, pero a pesar de todo te sientes como un bicho raro, más siendo una mujer en un deporte mayoritariamente masculino. La clave, al final, es asimilar que eres ese bicho raro.

Admitir que eres un “bicho raro”, para según qué personas, es un paso muy importante en la consolidación de tu autoestima. Y no sólo hablo de la bici, sino de cualquier otro aspecto de nuestra vida. Seguro que si echáis la vista atrás podéis recordar situaciones en las que decidisteis no seguir vuestro instinto condicionados por el “¿y si sale mal?”. No ya tanto por miedo al famoso “qué dirán”, sino a que si hago tal o cual cosa y no me sale bien, voy a tener que soportar la charla de todos aquellos que me aconsejaron ser más precavido, más cauto, más práctico, más pragmático… Como si no tuviera bastante con las consecuencias de arriesgarme y no conseguir mi propósito, para que me vengan con el “te lo advertí” quien no es capaz de arriesgarse ni jugando a las chapas. Amoldarse a los demás forma parte de nuestro desarrollo como seres humanos, no por hacer caso a la gente de tu entorno o seguir el ejemplo de alguien a quien admiras vas a perder tu personalidad, pero hacerlo en exceso puede llevarnos a sentirnos frustrados, porque también tenemos nuestras propias metas y necesidades, por extrañas que parezcan a ciertas personas. Si con eso somos unos bichos raros ¡bendita rareza!

 

Eva Montero es psicóloga del Deporte
,
psicoclidep@gmail.com – www.psicologiaclinicaydeldeporte.es