Los Monumentos ciclistas ya están aquí. Este fin de semana se disputa la carrera de un día más larga de todo el calendario profesional: la Milán-San Remo. Un verdadero maratón de 291 kilómetros –de recorrido oficial, sin contar la neutralizada, que pone la distancia total por encima de los 300- y una de las pocas clásicas que suelen resolverse con un sprint. Por tanto, una cita para los velocistas más puros, aunque también haya algunos outsiders a la victoria sobre todo si las condiciones meteorológicas son duras y el pelotón se corta en los pequeños pero míticos repechos anteriores a la meta.

El año pasado la victoria, no sin polémica, fue para Arnaud Démare, que fue muy superior en el sprint pero al que se acusó de subir el ‘Poggio’ ayudado por el coche de equipo después de haber tenido una avería. No hay imágenes que apoyen las acusaciones, pero lo cierto es que el galo ya no se va a poder librar de esa sombra. A no ser, claro, que le dé por ganar el sábado también y todas las voces que hablaban se acaben callando. En forma está, como muestra la pasada París-Niza.

Sagan, otra vez favorito

Una vez más, el rival a batir es Peter Sagan. Al bicampeón del mundo no le sorprende: “Siempre soy favorito. En todas las carreras. Ya estoy acostumbrado”. Evidentemente, ser el favorito significa de manera automática tener la rueda más vigilada que el resto. Lo dicho, él ya lo tiene asumido: “Ya no me causa ningún tipo de presión”. En cualquier caso, la ‘Classicissima’ es una de las que todavía le faltan al eslovaco, que fue segundo en 2013 superado por Gerald Ciolek en un sprint de apenas siete corredores.

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También es una carrera que falta en Colombia. Nadie del país americano ha conseguido jamás alzar los brazos aquí, y ahora tienen una oportunidad inmejorable con Fernando Gaviria. De hecho, el de Quick Step ya sorprendió el año pasado al llegar muy entero a la ‘volata’ final, pese a su juventud y lo largo del recorrido. Pero una avería mecánica le impidió pelear por algo más que ver de cerca la resolución de la prueba. La formación belga llevará a un equipo de lujo alrededor de Gaviria, entre ellos un Tom Boonen que ya no volverá a competir en Italia.

Españoles en segundo plano

Hay muchos más nombres importantes en liza. John Degenkolb, que ahora luce el maillot del Trek-Segafredo y ganó la prueba en 2015. Más lejos lo tienen otros ex vencedores como Simon Gerrans (2012) o Mark Cavendish (2009). Y no digamos ya ‘Pippo’ Pozzato, que se la llevó allá por 2006. El propio italiano, que acude como líder del Wilier-Triestina junto con el joven Mareczko, da como principales ruedas a seguir las de Sagan, Gaviria y Degenkolb. Es cierto que el trazado les favorece.

Y es que el desgaste que se acumula durante tantísimos kilómetros de carrera iguala las fuerzas entre el sprinter puro y aquellos fondistas que tienen una muy buena punta de velocidad, pero suelen estar un escalón por debajo en las llegadas masivas de las grandes vueltas. En cualquier caso estamos ante el primer Monumento de la temporada. Todos quieren llevárselo porque en algunos casos puede ser suficiente ya para salvar el año.

¿Y en cuanto a los españoles? Bueno, pues tenemos dos bazas que a priori no están en las quinielas pero pueden tener cosas que decir. Uno de ellos es Juanjo Lobato. El trebujenero ya fue cuarto en 2014. Ahora comparte galones con Primosz Roglic en el Lotto NL-Jumbo y sin Groenewegen, así que veremos hasta dónde es capaz de llegar. Por otro lado está Carlos Barbero, mucho más joven y que ganó hace tres semanas la Volta ao Alentejo a base de regularidad. Pero claro, aquello no es Milán-San Remo. Él mismo ha asegurado que irá sólo “a conocerla”. La carretera dirá si está para algo más. Y sobre todo, si puede estarlo de cara al futuro.