El recorrido del Tour de Francia 2017 ya no es un secreto. ASO, la empresa organizadora de la mejor carrera del mundo, ha presentado esta mañana el trazado que recorrerán los ciclistas el año que viene a lo largo de 3.516 kilómetros –muy similar a la distancia recorrida en la pasada edición de julio- y donde destaca la combinación entre finales en alto y etapas con puertos pero final en descenso.

En el acto de presentación había de todo: desde campeones míticos como Hinault –que ha recibido un homenaje- hasta el presente defensor del maillot amarillo, Chris Froome pasando por Romain Bardet, Thibaut Pinot o Nacer Bouhanni como vanguardia del ciclismo francés que espera recuperar algún día un trono que no consigue desde 1985. Aquella vez lo ganó, precisamente, Bernard Hinault.

Hay, también, un hecho diferencial de este Tour con respecto a los anteriores y es que parece que las primeras semanas completamente llanas de otros años han pasado a la historia. Tras una crono inicial de 13 kilómetros en la ciudad alemana de Düsseldorf y tres etapas propias para velocistas, el primer test importante tendrá lugar en los Vosgos con la subida a la Planche de Belles Filles. Un puerto corto pero duro en una etapa que no tendrá más dificultades puntuables, pero donde el terreno previo tampoco es en absoluto cómodo.

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Más Alpes que Pirineos

Como en las últimas ediciones, el próximo Tour tendrá más metralla en los Alpes. El paso por la cadena del Sur es mucho más fugaz, y viene precedido por dos jornadas interesantes en el Macizo Central. Los finales en Station des Rousses –jornada muy quebrada con la subida final a la Montée de la Combe de Laisia les Molunes a 11 kilómetros de meta- y en Chambéry con la Grand Colombière y el Mont du Chat antes de bajar hasta la línea de llegada son las novedades más agradables de este nuevo trazado.

Precisamente en los Pirineos se produce la gran ‘bizarrada’ de ASO: En pleno 14 de julio, día nacional de Francia, han montado una etapa de 100 kilómetros entre Saint Girons y Fois. Todo eso viniendo de una jornada anterior de 214 y con un buen menú de puertos pirenaicos: Ares, Menté, Balés, Peyresourde y el final en Peyragudes. Sin duda una gran etapa de montaña y con una distancia difícil de sobrellevar. Pues al día siguiente, una jornada por debajo de tres horas con la gran dificultad en el Mur de Péguère con rampas de hasta el 18%. Después, para abajo.

Los Alpes sí son más tradicionales, y también se antojan más decisivos. Dos etapas con puertos míticos de los que eliminan gente aunque sólo sea por la altitud a la que se discurre. Primero, etapa 17 entre La Mure y Serre-Chevalier. Para unir estos dos puntos la línea recorre la Croix de Fer, y el Galibier en el encadenado con el Télégraphe. No es ninguna broma. Tras coronar a 2.648 metros de altitud, vertiginoso descenso hasta meta. Y para terminar, 176 kilómetros con las subidas al Col de Vars y meta en L’Izoard, también a más de 2.300 metros de altitud. Lo que salga de aquí se jugará dos días más tarde en Marsella.

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Sólo 36 kilómetros de crono

Y aquí viene el punto negativo, una vez más, en la contrarreloj. Una modalidad que parece haber sido desterrada del Tour. Hace no más de una década, la ronda gala tenía al final de la primera semana un test importante de lucha individual, para terminar tradicionalmente con otra CRI larga justo el día antes de los Campos Elíseos. Aquel modelo parece haber caído en desuso de forma bastante clara.

Para 2017, la organización plantea sólo dos etapas contrarreloj: la primera en las calles de Düsseldorf, con apenas 13 kilómetros pero que servirá para determinar quién es el primer líder y, sobre todo, poner a los favoritos en un lugar de la clasificación. No se esperan grandes diferencias. Y la última batalla se va a quedar en escaramuza, porque la vigésima etapa –como mandaba la tradición, una antes de los Campos Elíseos- discurrirá por los alrededores de Marsella y apenas tendrá 23 kilómetros. Muy igualado tendrá que salir todo de los Alpes para que esta crono termine siendo decisiva.

En definitiva un Tour pensado para poner las cosas difíciles a Froome, convencidos como están en la organización de que gana por ser más fuerte en la lucha individual contra el reloj. Un recorrido que será, suponemos, muy del agrado de Nairo Quintana o de la nueva esperanza francesa, Romain Bardet. Bauke Mollema, por ejemplo, ya ha reaccionado en Twitter y ha dicho que le gusta la carrera. Al final, como siempre, decide la carretera.