La quimioterapéutica lucha del ciclismo contra el dopaje genera en ocasiones laberintos en los cuales el individuo deambula desorientado, a veces impotente, a veces patético. Es el caso de Roman Kreuziger, quien en base a dudas respecto de su pasaporte biológico no pudo correr el Tour de Francia y fue suspendido de improviso para evitar su participación en la posterior Vuelta a Polonia. Tras la intervención del Comité Olímpico Checo, fue absuelto y pudo retornar a la competición en el otoño de 2014.

Ahora su caso se encuentra en el TAS. Tanto el ciclista y su equipo (Tinkoff-Saxo) como quienes le acusan de dopaje (UCI y AMA) tenían hasta el 15 de enero para remitir los documentos en los cuales basan sus respectivas posiciones. Según reveló la UCI a preguntas de Shane Stokes para Cyclingtips, UCI y AMA cumplieron el trámite el 8 de diciembre; la otra parte no lo había hecho aún a 7 de enero. No obstante, Steano Feltrin, CEO de Tinkoff-Saxo, se quejó en Cyclingnews de lo contrario, de que UCI y AMA aún no habían mandado los documentos de su acusación. También de que no había fecha para la audiencia del caso. Eso sigue así: el 20 de enero, el TAS publicó su lista de audiencias previstas hasta final de marzo y la de Kreuziger no figura.

Mientras tanto, el ciclista checo se sometió a una prueba ante el detector de mentiras para demostrar que jamás se había dopado, ni recurrido a transfusiones sanguíneas o a la EPO. El polígrafo confirmó sus afirmaciones de limpieza. Roman Kreuziger se alineará dentro de dos semanas en el Tour de Omán.

La linterna que apunta a Riis
La lucha antidopaje suele cobrarse más y mayores víctimas cuando aparece un arrepentido, un renegado que relata todos los hechos reprobables que ha presenciado con ánimo de venganza o redención. Se les trata de locos, pero con su linterna iluminan rincones oscuros. Dos de los más célebres pueden comprometer decisivamente la carrera profesional de Bjarne Riis, máximo responsable deportivo de Tinkoff-Saxo.

Tyler Hamilton contó en su día cómo el exciclista danés le había presentado a Eufemiano Fuentes, mientras Michael Rasmussen reveló ante diversas agencias antidopaje que se había dopado durante su etapa en el CSC de Riis, acaecida en 2001 y 2002. A partir de estos testimonios y otros precedentes, la agencia antidopaje danesa (Antidoping Denmark, ADD) está elaborando un informe en torno a la labor como técnico del ganador del Tour de Francia 1996 y dopado confeso.

El alcance de este informe, sus consecuencias, son una incógnita. Sí es posible que pudieran atenuarse de haber testificado o testificar Riis ante la Comisión Independiente para la Reforma del Ciclismo (CIRC), un ente creado por la UCI para esclarecer lo sucedido en los años más oscuros del deporte de la bicicleta. Brian Cookson ha ofrecido insistentemente tanto a Riis como a Alexandre Vinokourov o Manolo Sáiz la posibilidad de redimirse compareciendo ante la misma, tal y como lo hicieron el mentado Rasmussen, Lance Armstrong o Riccardo Ricco’, que acudió buscando una reducción de su sanción y salió decepcionado, bramando contra todo. El informe que la CIRC está produciendo a raíz de estos y otros testimonios será publicado a finales de febrero.

Ulissi contra la doble normativa
Otro de los casos de dopaje que se encuentran en desarrollo es el de Diego Ulissi, que arrojó un positivo durante el Giro d’Italia por una cantidad ridículamente alta de salbutamol. Al italiano también le toco recorrer un laberinto de suspensiones y estancias que concluyó a principios de enero, cuando la federación suiza concluyó sancionarle por nueve meses. El motivo de esta sentencia atenuada: “El ciclista actuó negligentemente, pero sin intención de mejorar sus prestaciones atléticas”. En otras palabras: la cantidad de salbutamol hallada no corresponde a un intento de dopaje, sino a un error de bulto o un misterio fisiológico.

Ulissi podrá volver a competir el próximo 28 de marzo; la duda es con quién. Su equipo, Lampre-Merida, está adscrito al Movimiento por un Ciclismo Creíble (MPCC), una asociación de equipos que se imponen unas normas de lucha contra la trampa más estrictas que las marcadas por la UCI. En base a las mismas, la escuadra italiana dejó fuera de la pasada Vuelta a España al estadounidense Chris Horner por sus niveles de cortisol. En ellas figura, también, que no se puede contratar a un corredor que reciba una sanción de más de seis meses, con un par de excepciones cuyos supuestos no se cumplen con Ulissi. El vicepresidente del MPCC, Yvon Sanquer, aclaró en Velonews que éste es un caso que “hay que discutir, porque Lampre tenía ya suscrito un contrato con Ulissi”. Por lo pronto, el italiano figura en la plantilla del equipo tanto en su web oficial como en la web de la UCI.