Como cada año, justo después de la Navidad llega la presentación de la Vuelta a España. Y también como cada año desde que dieron con la tecla, los organizadores han decidido aplicar el mantra de que lo que funciona no se toca. Ni un ápice. Por tanto, la tercera ‘Grande’ de la temporada ha basado su recorrido para 2016 en una línea continuista, aunque como siempre haya algunos detalles que, como ocurriera en 2015 con la etapa de Cercedilla, pueden terminar de definir el trazado para bien o para mal.

Javier Guillén ya avisó de sus intenciones de “quitar algo de dureza” a la carrera para que los gallos del pelotón no desestimen acudir, teniendo en cuenta que esta temporada la Vuelta queda encajada entre los Juegos Olímpicos, a principios de agosto, y el Mundial, como siempre a finales de septiembre. La fórmula, en lugar de apostar por jornadas más rompepiernas o llegadas en descenso –o directamente puertos a mitad de recorrido que permitan quebrar la etapa, plantear estrategias o formar escapadas-, ha consistido en repetir los finales unipuerto. Puedes ver aquí el comentario de todas las etapas.

Galicia, un tercio de Vuelta

Lo cierto es que precisamente la semana gallega, donde el Mirador de Ézaro apuntaba a una etapa llana salvo el final, es una de las honrosas excepciones del recorrido. Empieza con una contrarreloj por equipos de 29 kilómetros. Una distancia importante y que, a diferencia de los años anteriores, hará que la primera jornada marque ya algunos huecos importantes. Ézaro viene precedido de otros dos puertos de Segunda que romperán un poco la carrera y harán que, al menos, en las rampas del ya famoso muro gallego no se presenten 190 ciclistas. San Andrés de Teixidó tampoco hará grandes diferencias, lo que ya implica que la crono por equipos dejará presumiblemente la general sin moverse hasta la Camperona.

Los clásicos

También hay sitio para los grandes clásicos en esta Vuelta. Y, de hecho, son algunas de las etapas con más fuste de la carrera. Apuestas que han funcionado siempre, y probablemente volverán a hacerlo. Uno de ellos es la subida a los Lagos de Covadonga. Una etapa que en los 90 se convirtió en un habitual de la ronda española. Esta vez, volverá a tener delante el Mirador del Fito (1ª). Un caballo ganador prácticamente siempre. Justo antes, la Vuelta llegará al Alto del Naranco. Sin ser una etapa de alta montaña, con Manzaneda (2ª) justo antes, la cima asturiana suele dejar cosas interesantes, sobre todo de cara a escapadas numerosas y su resolución, que siempre es intensa en esta subida.

 

Tríptico vasco-francés

Entre los aciertos, el final de la segunda semana es lo mejorcito de la carrera. Cuatro etapas consecutivas entre Euskadi, Navarra y los Pirineos. Bilbao recupera la etapa de 2011, lo que sin duda es un acierto con el doble paso por el Vivero (3ª). Al día siguiente, una jornada rompepiernas y de desgaste de las que tanto se echan en falta en la Vuelta. Siete puertos -seis terceras y un segunda- y ni un metro llano, especialmente interesante el último encadenado antes de Urdax.

Y mención aparte tiene la etapa reina con final en el Aubisque y paso por el Col Irnhapu, la Pierre Saint Martin, la Marie Blanque y el coloso para terminar. Cuatro puertos en la única etapa que se asemeja en algo a las del Tour. La última jornada de ese bloque será en Formigal, otro puerto que tampoco hará grandes diferencias y donde llegará previsiblemente un grupo numeroso.

Punto débil

Las etapas unipuerto pueden tener su gracia una vez, quizás dos. Pero si en apenas cuatro días hay dos llegadas de este tipo, la pierden por completo. Y a riesgo de ser demasiado duros con un trazado que, en general, no es tan malo, a veces hay que llamar a las cosas por su nombre. Lo de la Camperona, en León, no hay por dónde cogerlo. Después de 175 kilómetros llanos, los corredores enfrentarán las rampas de esta subida que se descubrió en 2014 y que, más allá de ver a los ciclistas retorciéndose, aportó más bien poco. Es cierto que esas escenas gustan a la gente y llaman a algunos aficionados. Pero cuando se abusa del formato, se puede espantar a otros.

La herida más sangrante de esta Vuelta es la etapa de Peña Cabarga. Porque llega tres días después de la Camperona y es exactamente igual. Otros 160 kilómetros planos antes de la subida como ‘homenaje’ a la región más montañosa de España. Y, claro, estas etapas deslucen sobremanera el final inédito de Mas de la Costa. Algo menos de cuatro kilómetros al 13% de media y con picos del 22. Que estaría genial si no fuera porque ya venimos de Ézaro, Camperona y Cabarga.

Traca final

Después de la llegada de Mas de la Costa, la contrarreloj de Calpe mantiene más o menos el perfil del año pasado en Burgos. Hay dureza y terreno incómodo, pero ningún puerto. Y Aitana será, como ya adelantamos en esta web, el juez final. Delante de la cima levantina se ha planteado un trazado ya conocido, con el puerto de Tudons (2ª) en dos ocasiones.

La Vuelta acabará este año de nuevo en el tradicional circuito por Madrid. Pablo Lastras, homenajeado ayer tras anunciar su retirada, definió el ciclismo como “el mejor producto”. Venderlo no sólo consiste en acciones de marketing. También hay que poner los ingredientes necesarios en el recorrido. Al final, serán los ciclistas quienes harán que la fórmula se agote o, como hasta ahora, siga funcionando.