Vincenzo Nibali tenía en la cabeza llegar a tope a Río, y cumplió su parte del trato. Pero faltó la otra mitad. La que tiene que poner el deporte, en sí, para que el corredor consiga el objetivo que ambiciona. Se le puede llamar factor suerte, se le puede llamar aura del campeón… o el toque de la varita. Como se quiera. El caso es que, esta vez, un gran ganador como Nibali no lo tuvo. Una pena, porque hasta entonces estaba siendo el protagonista máximo de la carrera olímpica. Que probablemente haya sido la mejor de esta temporada.

Pero quiso el infortunio que, cuando marchaba en la última subida con Sergio Henao y con un renqueante Rafal Majka que no dio un relevo, tal vez por picardía pero finalmente se demostró que por simple falta de fuerzas. Era la bajada final, previa a la eterna -quédense con lo de eterna- recta de meta, y tanto el italiano como el colombiano se fueron al suelo. El reparto era perfecto. Tres corredores para tres medallas. No podía ir mejor. Pero los dos se acabaron cayendo y dejaron a Majka solo.

Era, un poco, el ‘villano’ de la película. Después de ir a rueda y sin dar relevos, se le quedaba despejado el camino hacia el oro. Llegó a tener 25” cuando apenas faltaban siete kilómetros para el final… mientras en el grupo de detrás el desentendimiento parecía presagiar una feroz lucha por la plata. Hasta que llegó Van Avermaet.

Ataque a ganador

Fue eso, poco más de cinco kilómetros, pero el belga salió del grupo con la potencia de rodador que le caracteriza y sólo Fuglsang vio el movimiento. Se marcharon ya en la larga recta, con la referencia visual de Majka, y el resto fue solo ir acercándose a él. Van Avermaet venía, por cierto, de una fuga anterior, lo que da idea que tras Nibali, fue con diferencia el más fuerte de la carrera.

Cazaron a un desfondado Majka a 1,6 de la llegada y el resto fueron miradas, relevos pícaros y los ojos puestos en meta. Pero, entre los tres, Van Avermaet era el más rápido con diferencia e hizo valer su condición. Venció con facilidad a Fuglsang y Majka ni siquiera esprintó. Así inaugura Bélgica su medallero. En el deporte rey del país, el que atrae a las masas y pone las carreteras a rebosar: el ciclismo.

Purito se queda con el diploma

La carrera de España fue ir todo el tiempo a contrapié. Apenas se habían cubierto 50 kilómetros de carrera y ya estaba el equipo español tirando del pelotón. No fue demasiado rato –teniendo en cuenta que la carrera duró 6 horas y 10 minutos-, pero sí un reflejo de que las cosas no iban bien. Y no se iban a enderezar. Mientras Polonia, Dinamarca, Reino Unido, Alemania y demás selecciones fuertes iban metiendo algunos elementos en cada corte, España tenía que remar desde atrás.

Cuando todo se puso serio, faltando más de 60 kilómetros para meta en el grupo vivo en carrera sólo iban Valverde y Purito Rodríguez. Pero el murciano, cuyas cualidades físicas lo convertían en uno de los rivales a batir, se encontró con que no era su día. Y esto es lo que tienen los JJOO, los Mundiales y demás. Que sólo hay una carta, y si no sale la que uno quiere, está todo perdido. Valverde dio lo poco que le quedaba en favor de Purito, que fue recortando desde atrás hasta enlazar con el grupo donde viajaban Nibali, Henao, Majka, Van Avermaet, Fuglsang, Alaphilippe y un Louis Meintjes que llegó con el catalán. Tras la caída de Nibali y Henao, el Diploma Olímpico estaba seguro.

Pero con Majka por delante y Van Avermaet resolviendo las discrepancias con un estacazo, el resto tampoco se puso de acuerdo para tratar de echar su fuga abajo. En el sprint por el amargo cuarto puesto, el catalán perdió frente a Alaphilippe. Se quedó con la miel en los labios y ahora no será consuelo. Pero el corredor de las grandes derrotas ha sumado la última en el día de su retirada.