El Mundial de Doha sin duda no fue el de la selección alemana. Sorprendidos, como otras escuadras potentes de la talla de Francia o España, por el estudiado y perfectamente ejecutado plan de los belgas para romper la carrera, únicamente André Greipel fue capaz de terminar una prueba que solo dejó imágenes para olvidar entre los germanos.

John Degenkolb, tercero en discordia en un equipo liderado por Kittel y Greipel, se encontraba en el grupo perseguidor, intentando dar caza al organizado grupo delantero del que tiraba Bélgica incansablemente. Sumémosle la desdichada temporada de Dege, marcada por el accidente de pretemporada en Calpe que no le permitió defender sus títulos de Milán-San Remo y París-Roubaix, al desastre de Doha para Alemania y es más fácil comprender el cruce de cables que sufrió y su enfado con Jens Debusschere.

Cuando Debusschere trataba de taponar los intentos de Degenkolb de recortar tiempo al grupo en cabeza, durmiendo la carrera atrás, el alemán decidió despertarlo tirándole un chorro de agua de su bidón en la cara. Por si no fuera suficiente, también estuvo unos minutos gritando y recriminando con el dedo su actitud a unos belgas que realizaron un trabajo perfecto para al final permitir a Tom Boonen conquistar una medalla de bronce que, sin embargo, le supo a poco al campeón mundial de 2005.