Muchos creen que el ciclismo es un deporte individual, donde los deportistas corren como pollos sin cabeza hasta reventar sus corazones, pero la realidad es muy distinta. Es cierto que el ciclista debe levantarse cada día para entrenar, muchísimas veces solo, contra viento y marea, en silencio y con su propio sufrimiento como único compañero. Pero a la hora de la verdad todos los ciclistas necesitan apoyarse y ser apoyados por sus compañeros para alcanzar la cima. En la soledad del entreno solo se alcanzan los límites físicos individuales, y solo en la compañía del equipo y arropado por sus compañeros, un ciclista es capaz de romper cualquier barrera preexistente.