Es una cualidad que se tiene o no se tiene”, así se despachaba Nibali en línea de meta tras cumplir todos los pronósticos y proclamarse vencedor en Lombardía. Sabedor de su talento innato en el descenso y arropado por un equipo que le dio el privilegio de tener siempre la iniciativa, el Escualo supo sacar el máximo partido de todas sus oportunidades. Nibali lanzó un potente ataque después de coronar la penúltima dificultad del día sorprendiendo a todos sus rivales. En ese momento terminó la carrera. El magnífico descenso de Nibali hizo que abriera un hueco definitivo de 25 segundos sobre sus perseguidores en apenas tres kilómetros.