En el día de la 31ª edición de la Clásica de Almería, la costa almeriense se despertó con unos fuertes vientos que auguraban una carrera difícil y acabaron forzando a la organización a activar el Protocolo de condiciones ambientales extremas de la UCI, creado tras la caótica edición 2015 de la Gante-Wevelgem.

Poco antes del inicio se produjeron dos reuniones de emergencia entre organizadores, jueces, directores y corredores, tras las cuales la organización decidió dar inicio a la prueba y ver qué hacer sobre el terreno. Se neutralizaron los 15 primeros kilómetros, pero con la carrera ya lanzada, habiendo llegado tan solo al kilómetro 30, se volvió impracticable. Los vientos de hasta 70 kph amenazaban con hacer trizas el pelotón cuando tomaban la parte costera del recorrido.

La carrera se paró, los ciclistas se resguardaron del viento, hubo otra reunión de emergencia y se decidió convertir la prueba en un formato critérium, con 7 vueltas a un circuito de 3,5 km en Roquetas de Mar. “Los vientos cruzados eran tan fuertes que podías convertir tu bici en una vela y ser escupido de la carretera si no pedaleabas con fuerza o te mantenías quieto”, dijo José Luis Arrieta, director del Movistar. “Hasta tuve que resguardar a varios ciclistas del viento con el coche de equipo, antes de que se decidiera parar”.

Clásica de Almería 2016

Los ciclistas se resguardan del viento en la Clásica de Almería 2016.

El australiano del IAM Cycling Leigh Howard se hizo con la victoria de esta extraña edición de la Clásica de Almería, al imponerse en la foto finish a Alexey Tsataevich del Katusha. El resto de los corredores fue llegando en pequeños grupos, y tan solo 76 corredores terminaron la prueba.

Esta es la segunda vez en pocos días que una prueba ciclista se ve azotada por la furia del viento, como pasó en la Volta a la Marina, donde los participantes eran literalmente arrastrados por un viento huracanado en la costa de Benidorm.