Desde el reciente descubrimiento de un motor escondido en la Wilier de Femke van den Driessche, ríos de tinta se han vertido sobre el tema del dopaje mecánico. Oscuras historias de sistemas fraudulentos como, por ejemplo, las ruedas electromagnéticas han comenzado a surgir, con más o menos credibilidad, pero todas con la misma fuerza.

Hasta los grandes nombres del ciclismo han dado sus opiniones al respecto, algunos con vehemencia e incluso enfado y otros con más prudencia a la hora de juzgar el asunto. Vamos, que la hoguera que encendió Femke no para de arder. Y ahora este vídeo grabado en 1979 en el que un ingeniero explica un sistema de un motor oculto en una bicicleta de carreras cobra protagonismo. ¿Puede este sistema haber sido usado por algún profesional del momento?

Aunque tiene, como mínimo, 36 años de antigüedad, es bastante parecido a los sistemas actuales. Bastante más ruidoso, eso sí, pero con unos escasos 2,5 kg de peso. También con un sistema de activación con un botón escondido detrás de la palanca de freno, parecido a los que se dijo que accionó Cancellara para vencer París-Roubaix y Tour de Flandes en 2010 con un supuesto motor en su bici.

Sin embargo, el ingeniero creador del prototipo, da su opinión: “Creo que esta bici se adapta sobre todo a la mujer que quiere acompañar a su marido en bicicleta, o gente discapacitada o con problemas de corazón”, una opinión totalmente desechable y con la moral de otra época, pero que apunta que no se trata de un producto dirigido a profesionales.

Mirándolo con frialdad y objetividad, es muy difícil de creer que una batería tan ruidosa con una autonomía de 45 minutos y capaz de llegar a los 45 km/h (no sabemos si con alguien encima) haya sido utilizada en una carrera y nadie se haya dado cuenta.